MAKA DISFRAZADO DE MOROCHO

Nuestro columnista Paranaländer rememora el papel de los maka durante los preparativos de la Guerra del Chaco. Además, lanza sus impresiones sobre la figura del cronista extranjero que visita nuestras tierras.

Por: Paranaländer

“Sigo caminando. En una esquina, un morocho disfrazado de indio, o un indio disfrazado de antepasado, con sus plumas de colores en la cabeza, vende fajas, plumas y otras cosas. Cada vez que pasa un turista, saluda. Los distingue al vuelo, saluda a los que van por la vereda de enfrente. Tiene una alegría contagiosa. Escucho unos cantos, es la misma manifestación docente, música de guarania y un perro que está por dormirse entre la gente. Ponen después una marcha marcial, pero la gente charla y se ríe. Tal vez sea una forma particular de participar”. (Visto y oído. Nuevas crónicas de viaje, Hebe Uhart, 2015. La última crónica “Asunción del Paraguay” es resultado de su visita a Asunción durante el guyryry del juicio político a Lugo)

Cuando el general ruso Juan Belaieff fue contratado por el Estado Mayor Paraguayo para el levantamiento topográfico del Chaco, en vista a la inminencia de la guerra con Bolivia, los maká hicieron de baqueanos. Ganaron el cariño del militar humanista que consiguió para la tribu una reserva de tierras cerca de Asunción (Botánico), que hoy (nómadas cazadores del paleolítico) viven explotando el turismo con sus artesanías, en un cambio cultural espectacular. Esta migración contada por Gato Chase Sardi es muy conocida pero siempre hay que repetirla a los despistados. Así que los maká de calle Palma son maká, señora Uhart.

El escritor, criatura débil y humillada frecuentemente con un mal salario o un prestigio dudoso. Los cronistas -viajeros que escriben- suelen ser por eso vengativos (larga tradición del cronista vengativo). Atacan al débil y transigen, o directamente se rinden ante el país o pueblo poderoso. Como Argentina masacró a sus indios, empuñando la solución americana de los fusiles Remington, nuestra viajera citada al inicio piensa que solo pueden existir indios enmascarados, disfrazados, en unas carnestolendas de solipsista, delirantes.

Los griegos -pueblo esclavista, patriarcal, misógino- sin embargo, tuvieron con sus sabios, acostumbrados a pertrecharse contra esos poderes, la valentía de enfrentarlos e inventaron la parresia: más que satirizar al poderoso, decirle en la cara sus defectos. Les faltó apenas la piedad schopenhaueriana-dostoievskiana por el débil para completar el perfil del cronista ideal. Un parrésico patafísico fue Baudrillard con su libro América (a la primera lectura parece una sangrienta crónica de la escuela franfortiana, pero en la segunda hay una aceptación del ridículo americano).

¿Llegará un día ese cronista alienígena (como gusta exclamar mi hijo), que ya no se burle sino que se apiade de Paraguay?

Belaieff y su baqueano maka

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