Literatura contemporánea del Paraguay

Derian Passaglia se aproxima a la literatura paraguaya contemporánea, analizando la antología de cuentos «Los chongos de Roa Bastos», editada en Buenos Aires en el año 2011.

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Por: Derian Passaglia

Soy kurepa. Cualquier palabra que pronuncie de ahora en más tiene que ser leída desde ese lugar. No pertenezco a una tradición de la cual no me siento parte y a la que solo puedo sentir desde la amistad, el cariño y el amor que me unen a ciertas personas y a ciertos lugares en los que alguna vez estuve y que recuerdo con una nostalgia fotográfica, viva, de una memoria a la que solo le quedan imágenes: el gusto y el amarillo estridente de la sopa paraguaya (una sopa que es sólida), un lago que parecía no tener fin, el ñandutí que colgaba de esas casitas al borde de la ruta, las rutas estrechas y sinuosas, los camiones a toda velocidad de frente, la tierra roja que se elevaba del suelo como si fueran las entrañas del planeta expuestas al sol, la panorámica totalizadora a la que se accede al barrio de la Chacarita desde una punta de la ciudad de Asunción, la palabra chera’a en boca de un amigo, la cagadera que produce el tereré, el miedo que sentí la primera y única vez que anduve por los pasillos de esos centros comerciales de Ciudad del Este. Soy un extranjero hablando de una nación que no es parte de su identidad pero que la siente propia en algún sentido. No son ustedes, soy yo que me apropio de todo.

Leí Los chongos de Roa Bastos, la única antología de literatura paraguaya contemporánea publicada en Buenos Aires por la editorial Santiago Arcos en el año 2011. La literatura paraguaya en Argentina es prácticamente inexistente. Se conoce, quizá, algún que otro nombre, como el de Cristino Bogado, y ya hay descendientes de padres paraguayos, hijos argentinos, escribiendo los mejores poemas del suelo nacional, como El guacho Martín Fierro de Oscar Fariña. No me gusta hablar de naciones cuando hablo de literatura. Siento que me recorre el mal gusto, la forma típica que tiene la academia de representarse la literatura, como si la belleza de la palabra escrita estuviera definida por las condiciones políticas, económicas y sociales en que nace una persona. No voy a idealizar tampoco, como el gran Jorge Luis, cuya única patria, según dice, es la lengua castellana. Para otros la patria es la literatura universal, para otros la poesía, para otros Roa Bastos no es un escritor paraguayo sino argentino. Para mí la literatura, como para Proust, como para alguien que es hincha de un club, es algo que se siente. Quizá sea el sentimiento el gran legado de Proust a la literatura del siglo XXI más que el procedimiento narrativo de la magdalena.

Me gusta más pensarlo en forma de pregunta: ¿qué dice la patria, la nación, sobre una literatura? Esa pregunta me gusta más que esta otra: ¿qué dice una literatura sobre una patria? Ésta última es una pregunta inconducente, porque entiende que la literatura es representación, y ya nadie entiende que la literatura es representación, al menos desde el siglo XIX, al menos desde que la representación hoy en día es otra cosa, o hay que buscarla en otro lado. Al dar vuelta la pregunta, el efecto es doble y paradójico, porque sin dejar de leer literatura paraguaya, se pueden leer condiciones políticas, económicas y sociales en la forma de escribir de los escritores paraguayos contemporáneos.

Los chongos de Roa Bastos es un título subversivo, pone al escritor nacional en el centro de la escena, como si todavía lo que se escribiera en el Paraguay orbitara alrededor de su figura, pero al mismo tiempo lo descoloca, lo desacraliza, lo vuelve un putero, un viejo verde que anda en busca de taxiboys de madrugada, mientras nadie lo ve, después de esnifar una raya de merca o clavarse un sánguche de lomito de bajón en un barrio bajo. Un Roa Bastos pop, exagerado, queer, personaje de película de Gus Van Sant o protagonista de The Rocky Horror Picture Show. ¿Hay literatura después de Roa Bastos? ¿Hay literatura en el Paraguay que no sea Roa Bastos?

De la introducción a la antología, escrita por kurepas y dirigido a kurepas, me quedan resonando algunas citas: “La renuncia programada y convertida en principio, o acaso la indiferencia, a los estándares internacional y la renuencia a constituir un dialecto culto asunceno equivalente por su decoro al de Lima o Montevideo son rasgos que aúnan, con más fuerza para la mirada extranjera que para la local, a los textos aquí compilados”. También dice: “Los unen una lengua (o dos o tres o más, entreveradas), una situación histórica y social, un conjunto de referencias geográficas y culturales más o menos inescapables antes que una tradición literaria, una clase de edad, de género, de sexualidad, de visión del mundo”. Y también esta anécdota simpática: “el doctor Francia colocó sobre una mesa dos pistolas: ‘una está destinada contra Fernando VII y la otra contra Buenos Aires’. La literatura argentina y la española, junto con la norteamericana, siguen siendo, con obstinación, las más leídas por los escritores paraguayos”.

El tema del doble tiene una gran tradición y podría usarse para la forma en que se desarrolla la literatura nacional contemporánea en el Paraguay. Borges escribió cuentos horribles y famosos sobre el doble. “Borges y yo” es uno de los peores, sino el peor cuento que haya escrito en su vida. Trata de él mismo como escritor público y del otro, el Borges privado. No sabe cuál de los dos está escribiendo, según el narrador (aunque es muy fácil adivinar que está escribiendo el personaje público): si el que da entrevistas, el que habla sobre el tiempo y sobre Stevenson en los medios, o si al que le gustan los mapas, el café, los lomos de los libros. Tiene otro en la que el narrador, Borges, va a dar una conferencia a una ciudad norteamericana y se encuentra en un banco de plaza con un jovencísimo Borges, de dieciocho o diecinueve años, y entablan una conversación sobre los gustos de uno y otro.

El extraño caso del doctor Jekyll y míster Hyde debe ser el libro más famoso sobre el tema. A Stevenson se le ocurrió la idea en un sueño. Explica en un ensayo que no se ve como el narrador del relato, supone más bien que la novela fue escrita por un vendedor de quesos, o mejor, por un queso, de manera tal que todo lo que escribió sería producto de un demonio familiar. El tema del doble lleva a la locura, a la esquizofrenia, al desorden de la personalidad que no permite al sujeto establecer su propia identidad: ¿soy este o soy el otro? ¿Cuál de los dos soy? ¿Soy los dos? Mi signo solar es Géminis, que se simboliza por medio de gemelos. Géminis tiene una naturaleza doble, oculta y deja ver, muestra y no. Cuando parece que llegan a conocer a alguien de Géminis, cambia su cara, muta.

El tema del doble se remonta al doppelgänger de la tradición germánica y nórdica. En Wikipedia se anota que en las leyendas antiguas presenciar la aparición del doppelgänger supone un augurio de muerte. Se cita a Strindberg: “el que ve a su doble es que va a morir”. En Fragmentado de Shyamalan el personaje principal rapta unas chicas a las que mantiene cautivas en una piecita sucia y oscura mientras se divierte, o lucha consigo mismo, disfrazándose de las veintitrés personalidades que lo poseen y desatan una guerra interior por apoderarse de su cuerpo. “Chac mool” es uno de los cuentos más famosos del realismo mágico, de Carlos Fuentes, donde una escultura de piedra, antiguo dios azteca, cobra vida para apoderarse de un hombre. Los mitos de los pueblos antiguos también pueden ser los dobles de una nación conquistada por extranjeros de continentes lejanos con otras culturas, otros lenguajes, otras costumbres.

El doble de la literatura contemporánea paraguaya es el guaraní. La tensión en los relatos entre dos formas lingüísticas diferentes es constitutiva de la forma literaria de los relatos de la antología. A veces este doble no se manifiesta a través de palabras guaraníes sino que vive como un fantasma en la sintaxis, como un cuerpo zombie torpe, que no razona, que busca nada más carne fresca de la cual alimentarse. En esta tensión se mueven los relatos de Los chongos de Roa Bastos, en la convivencia nada pacífica entre dos lenguas diferentes que buscan anularse la una a la otra, que se atraen y se repelen como polos opuestos, que se leen las dos al mismo tiempo en el barroquismo de las frases y la sintaxis retorcida. En la literatura contemporánea paraguaya, el castellano es el espíritu del guaraní el que recorre las mejores páginas.

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